sábado, 12 de diciembre de 2009

La esencia de un viaje. Valencia.



Foto: Wikimedia User: Demiannnn


   Durante las fechas festivas del puente de la Constitución de 2009, tuve ocasión de descubrir la mágica fusión de pasado, presente y futuro que ofrece la capital del Turia.


   Sin duda alguna, "recrear la vista es parte de la experiencia, pero no se explotan todas las posibilidades si, cuando lo haces, no te dejas embaucar por el regreso al pasado al que te invitan determinados monumentos, y en un proceso de empatía te sientes por momentos habitante de la urbe en la época en la que éste fue construido".


   Pasear por la Ciutat de les Arts i les Ciències (situada al final del Parque del cauce del Turia) nos ofrece sin embargo una sensación antagónica pero igualmente interesante. Es una construcción para el siglo XXI, pero seguro que producirá sensaciones más allá de la imponente belleza de los edificios diseñados por Santiago Calatrava en los habitantes y visitantes de Valencia del siguiente siglo.


   Disfrutar de la tecnología IMAX Dome en L’Hemisferic supone no sólo sentir que estás dentro de la película que se proyecta gracias a que la pantalla se extiende más allá del campo de visión del ser humano, sino también (y dependiendo de la temática del filme) un paseo por mundos tan reales como inaccesibles, bien sea por su lejanía histórica, por encontrarse a grandes profundidades debajo del mar o bien más allá de nuestra atmósfera.


   Observando el recubrimiento de las construcciones monumentales de la Ciutat de les Arts i les Ciències, es fácil reparar en la importancia que la industria de la cerámica decorativa tiene en la ciudad (no en vano es la mayor productora de España y una de las principales del mundo). Estas cerámicas, de formas irregulares, con aspecto de azulejo roto, reciben el nombre de “maníses”, lo que me indujo a reflexionar sobre la diversidad de nuestro lenguaje, al designar nosotros en Canarias con dicho nombre al fruto contenido en la vaina de la Arachis hypogaea, mientras que los propios valencianos lo hacen como “cacao” y el resto del estado español como “cacahuete”.


   Llama la atención en Valencia, la presencia de uno de los parques urbanos lineales más grandes de Europa, siguiendo el cauce seco del río Turia (desviado tras su desborde causando graves inundaciones a finales de la década de los 50 del siglo XX). En el mismo, puedes encontrar desde impresionantes y originales zonas de juego infantil (como el Gulliver, donde los niños se deslizan por sus toboganes como si de liliputienses se tratasen), máquinas de ejercicio para adultos y numerosos puentes que lo cruzan, que al igual que las rampas utilizadas en su día para subir y bajar las embarcaciones, son vestigios de lo que el parque en su día fue.


   Bajo el Puente de La Alameda (S. Calatrava, 1995), también en el parque, se encuentra la estación de metro homónima, diseñada por el mismo arquitecto, y donde la reflexión de la luz en los “maníses” dan la sensación de que las paredes fueran cascadas.


   Cae la noche y comienza el espectáculo. Un sinfín de chorros y luces de colores salen sincronizados al compás de la música en la fuente situada delante del Palau de la Música. Sin duda un regocijo para todos los sentidos, y también para el recuerdo y los sentimientos, pues es inevitable retrotraer vivencias pasadas al escuchar bandas sonoras como la de El Rey León o La Sirenita.


   La importancia que da la ciudad a la cultura se atisba al descubrir en el Centro Cultural Bancaja, la muestra: “Sorolla. Una visión de España” promovida por la fundación de la entidad con el mismo nombre o la presencia de siete esculturas de Auguste Rodin en la Plaza del Ayuntamiento, promovida en esta ocasión por la Obra Social de La Caixa, entre ellas una de las más reconocidas: “El pensador”, ante la que seríamos capaces de estar horas delante, simplemente contemplándola.


   Pero la experiencia en Valencia no termina aquí, porque, como decía al principio del post, es una fusión de pasado, presente y futuro, y apenas he abordado su pasado. Les emplazo a una nueva ocasión para ello (probablemente coincida con un regreso por mi parte a esta maravillosa ciudad) y así poder completar mi viaje en el tiempo desde el interior de algunos edificios que, debido a la falta de presupuesto, se encontraban cerrados durante mi estancia. Hasta entonces, no duden en disfrutar de las fotos de la capital del Turia.

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